Qué puede pasar con el dólar si Guzmán cierra un acuerdo con el FMI

Economía

Son horas decisivas para la concreción de un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario. Cómo puede impactar en la economía del país, según Amílcar Collante.

Esta semana, Martín Guzmán se encontrará con Kristalina Georgieva en Washington. Amilcar Collante, economista de la Universidad de la Plata y miembro de CESUR (Centro de Estudios Económicos del Sur) opina en esta entrevista con iProfesional sobre brecha cambiaria y la evolución de la actividad económica, en caso de que el Gobierno concrete el esperado acuerdo con el FMI.

-El ministro Guzmán se encuentra esta semana con Kristalina Georgieva. ¿Qué expectativa tiene sobre un posible acuerdo con el Fondo?

-Hoy diría que hay un 50% de probabilidad de arreglo («Plan Guzmán») y 50% de esperar a octubre para cerrar algo con el FMI. («Plan electoral»).  Lo digo mirando a la interna de la coalición de Gobierno. Hay una mitad que intenta arreglar con el FMI (incluido Guzmán) y otra mitad que prefiere «patear» todo para después de las elecciones. Y así no tener condicionamientos en la política económica hasta octubre.

La experiencia del acuerdo de la administración Macri y el FMI permitió saber que hay instrumentos o medidas que el organismo internacional pide y cree que son convenientes. Y a veces eso complica más la estabilización de economía de lo que arregla. Sin embargo, cada mes que pasa esta última opción puede tomar mayor probabilidad. Sabemos que la urgencia electoral puede «contaminar” la negociación con el FMI.

– ¿Cambiaría algo si el acuerdo es ahora?

-Estamos en un país con desequilibrios macroeconómicos muy elevados, sin una moneda sana y sin acceso al mercado internacional de deuda. Eso ya muestra un país muy vulnerable ante los shocks. Y la pandemia combinada con la cuarentena en 2020 hizo visible lo endeble que es nuestra economía.  Por ello, lo que necesita Argentina es un plan macroeconómico de mediano plazo, consistente y creíble.  Está claro que hoy el mercado aún no le cree y no apuesta por el país. Eso lo refleja claramente el índice de riesgo país arriba de 1500 puntos. Y las cotizaciones de los bonos recientemente reestructurados (hace solo seis meses), que cayeron de paridades de u$s50 a u$s30/35. Algo inédito en la historia de las reestructuraciones de deuda.

Un arreglo con el FMI definiría lo que resta del programa financiero (los u$s 44.000 millones) y además puede dar un «ancla» de expectativas. Claro, eso sólo si se muestra un plan económico de mediano plazo con un sendero de convergencia fiscal y de reducción de la emisión monetaria en una economía en la que sobran pesos y hay cada vez menos dólares.  El éxito en la negociación con el FMI puede descomprimir la «brecha cambiaria» de manera genuina. Sin intervenciones en los mercados de bonos vía la Anses o el BCRA para contener a los «dólares alternativos”. Así, también caería el riesgo soberano.

– ¿Y si el Gobierno prolonga las negociaciones para después de las elecciones?

– El riesgo es que los desequilibrios macroeconómicos se agranden más. Más gasto en subsidios económicos, más déficit fiscal, más emisión monetaria, más atraso tarifario y cambiario. Y sabemos que en Argentina cuando se acumulan desequilibrios que la política ya no puede administrar. Caemos en una nueva crisis que siempre se refleja en una nueva devaluación que licua los problemas por las malas. Disparando la inflación, licuando el salario real y hundiendo a la economía en una recesión.

Esta última estrategia sería un plan electoral o «aguantar”. Ahora, si me preguntas esto puede aguantar hasta octubre. Es muy probable que con soja arriba de 500 dólares y el BCRA interviniendo en la «brecha cambiaria» y un rebote de la economía. Es probable que se llegue. Pero el tema es que pasa después de ese día.

Si recordamos en 2011 tras la elección presidencial el Gobierno puso el cepo cambiario (octubre de 2011). Tras la elección de 2015 el Gobierno de Macri devaluó y unificó el tipo de cambio.

Y tras la elección de 2019 se fue a un súper cepo de 200 dólares por persona. Podríamos decir que en la previa electoral de esos años sabíamos que la situación no era sostenible en el tiempo y ocurrió.

Acá la diferencia es que en 2021 se trata de una elección legislativa. Sin embargo, yo creo que no hay que subestimar la situación. Más teniendo en cuenta la mega-emisión de pesos que hizo BCRA en 2020.

– ¿Cómo imagina los próximos meses respecto de la actividad económica? ¿Coincide con el optimismo de Guzmán, que prevé un crecimiento de 7% para este año? 

-Si hoy tomamos el nivel que marcó el Estimado Mensual de la Actividad Económica publicado por el INDEC en diciembre de 2020 -que es un «proxy» del PBI (producto bruto interno) – y se lo «congela» en ese nivel desde enero a diciembre de 2021, la economía crecería un 6,1% respecto a 2020. Sólo por efecto del «arrastre estadístico». Es decir, sólo porque la base de comparación es con un año muy malo, en el que el PBI cayó 10 puntos porcentuales. Por lo tanto, un crecimiento de 6/ 7% es probable. 

-O sea, el nivel esperado por Guzmán ya está asegurado…

-Sólo en el caso que la economía no sufra nuevas restricciones a la movilidad. Para ello no debería haber una «segunda ola» de coronavirus muy fuerte. Algo cada vez menos probable por lo que ocurre en países vecinos como Brasil, por ejemplo.

-Respecto de las finanzas, el Gobierno logró construir el puente hasta el otoño, sin una devaluación. ¿Qué hay que esperar de ahora en más? ¿Van a recuperarse las reservas? 

-Es probable que entre abril y julio con los súper precios de los commodities, una cosecha 2020/21 de soja en torno a los 45 millones de toneladas y con cepo a importadores (manteniendo restricciones al turismo emisivo por la pandemia), el BCRA logre comprar parte del superávit comercial. Sin embargo, esta tendencia se revertirá en el segundo semestre del año. Una parte de las reservas que compre la autoridad monetaria puede que se necesiten vender para contener la creciente «dolarización» en medio de las elecciones.

-El Gobierno viene tomando distintas medidas, sobre todo de control, para desacelerar el alza de precios. ¿Cree que lo logrará? ¿Van por el buen camino?

-En realidad, los controles de precios como política antiinflacionaria han fracasado en todas sus versiones aquí y en el resto del mundo. Desde Guillermo Moreno en la versión Argentina o el «Edicto sobre Precios Máximos» del emperador romano Diocleciano en el año 301 d.c. terminaron fracasando en el combate a la inflación vía control de precios. La mayoría de los países dejaron atrás el problema.

Actualmente la inflación existe solo en unos pocos países: Venezuela, Líbano, Sudán, Zimbabue, Irán y Argentina, entre otros.  En el fondo, la mayoría entendió que hay que tener una macroeconomía sana, con las cuentas fiscales ordenadas y que evitan recurrir a la «maquinita» del banco central para cubrir los «agujeros» fiscales sistemáticamente.

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